Las chicharras

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Soy de los creyentes que la naturaleza nos habla. Sólo es de tomarse el tiempo para escucharla y saberla interpretar. En un reciente anochecer iba caminando de la mano con mi hijo menor cuando de pronto comenzamos a oír un concierto de chicharras haciendo eco en los árboles. Mi vástago se detuvo extrañado por este nuevo sonido; le indiqué que eran unos insectos muy pequeños que nos recuerdan que viene el cambio de estación y, con ello, el inicio de las lluvias. Intenté buscarle una, pero al acercarnos interrumpieron su trova. Regresamos a casa, yo contento porque había tenido la oportunidad de enseñarle algo nuevo y al mismo tiempo había despertado en mí la curiosidad de aprender más sobre estas criaturas.

Creo que todos hemos escuchado el canto de ellas en los meses de marzo y abril, cuando el calor apremia. Para los que labran el campo, es un primer llamado para ir alistando el sombrero, el calabazo de agua y la punta, ya que pronto comenzará la siembra de la primera. Es admirable la sabiduría y nobleza de la naturaleza que nos avisa, como si fuere un reloj despertador, que próximamente tocará ir de nuevo a trabajar. Por cautela se esperan las primeras lluvias de mayo para cultivar en tierra húmeda y, con ello, aumentar las posibilidades de recoger una bondadosa cosecha de maíz.

Aprendí que algunas chicharras viven por prologados periodos enterradas bajo la tierra (unas inclusive hasta diecisiete años), sobreviviendo y alimentándose de las raíces de los árboles, esperando pacientemente para renacer apenas sientan que se ablanda el suelo y les permita salir de sus escondites, apostarse en los árboles para mudar su piel y emitir su característico sonido de esperanza de vida. Muy similar al periodo que pasamos nosotros de estudiantes, alimentándonos de conocimientos, viviendo del cariño de nuestros padres para luego poder aventurarnos a la vida laboral, y se repite de nuevo con nuestros hijos cuando formamos una familia.

Aprendí que las chicharras tienen tres pequeños ojos encima de su cabeza y hay quienes creen que, por la manera que están alineados, asemejan los clavos que usaron para crucificar a Jesús, razón por la cual consideran que cantan en Semana Santa lamentando la muerte de nuestro redentor, yo más bien pienso que celebran su resurrección.

Aprendí que cuando emergen de la tierra lo hacen en cuantiosas cantidades ya que así mejoran sus chances de sobrevivencia ante los depredadores. Este año, asocio el canto de las chicharras con las voces de los miles de hondureños que pedimos en silencio en nuestras oraciones que pronto se nos permita la oportunidad de regresar a nuestros trabajos para sostener a nuestras familias. Debemos resurgir de esta cuarentena con un renovado vigor, unir esfuerzos y poner en práctica nuestros instintos naturales de agilidad y resiliencia humana.

Es un llamado a mudar viejas costumbres, ejercer un liderazgo humanista y llevar nuestros emprendimientos hacia un capitalismo más solidario.

Este próximo domingo 3 de mayo se celebra el Día de la Santa Cruz en Amapala, generalmente coincide con los primeros aguaceros. Es una celebración del renacer de la tierra y comienzo de la labranza.

Jóvenes: Ya suenan los campos, preparémonos que pronto se van a poner húmedos y tenemos que estar listos para salir de primero a sembrar. Sin miedo, con fe en Dios.

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